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¡No quiero verte más! Vamos. ¿Lo has entendido? No me molestes más. ¡Nunca! Éramos como hermanos. Al principio era raro, nos escondíamos. Toma. ¿Siempre ha sido así? Más o menos. ¿Cuánto tiempo salisteis? Cinco años. Déjame ver. ¿Crees que está rota? No. Se curará. Está perdido. Si bebe, se pega con alguien. Es su única forma de comunicación. ¿A ti también te pegó? Una vez. Al día siguiente, me marché. Por eso me fui a Vancouver. Ten, póntelo. Lo siento mucho. Perdóname. No. Da igual. No sé si puedo conducir. ¿Duermes? No… Creo que hemos bebido bastante, ¿eh? Sí, ¿tú crees? Pues sí. ¿Cuándo te vas? Mañana. ¿No iras al entierro? No. Ah… Bueno… Buenas noches. Buenas noches. Adiós. Adiós. ¿No duermes? ¿Te he despertado? No. No podía dormir. Yo tampoco. ¿Quieres? Ven, esto te relajará. Gracias. ¿Tú no tienes sed? No. Yo me he bebido un litro de agua. Toma. ¿Y tus hijas? ¿Las estás criando sola? Sí. ¿Su padre no te ayuda? No. Es un neoyorkino al que conocí en Vancouver. Cuando supo que estaba embarazada, no le hizo mucha gracia. Pero cuando supo que eran gemelas, se fue corriendo a su casa. Es el deporte nacional de aquí. Sí… Y no hay equipo femenino. ¿Las niñas le conocen? No. ¿Te las arreglas con los gastos? Más o menos. Abrí un consultorio con otra psicóloga. No paramos nunca. No te imaginas el número de adolescentes que tienen problemas. ¿Cómo tratas con ellos? Bueno, hablamos. O les hago hablar, más bien. Vamos, recuéstate y cuéntame de tu padre, tu madre, Edipo, todo eso, ya verás… No soy un adolescente. Por supuesto que sí. Vamos. Bueno, mi caso es complicado. No conocí a mi padre. Está en el fondo de un lago y mañana enterrarán su gorra. Sí. No es un caso habitual. ¿Lo ves? ¿Has hecho todo el viaje para esto? Pues sí… y para conocer a mis hermanos. Y no te han gustado. No. ¿Quieres más? No. Mi hermana y yo entrábamos por la ventana cuando volvíamos tarde. Esta era su habitación. ¿Y nunca os descubrieron? No. Lo sabían pero no decían nada. Nos dejaban vivir. Ese es el gran lema de mi padre: “Sois libres…” La añoro, a mi hermana. ¿Lo ves? No eres el único. Bueno… En fin, que descanses. Igualmente. ¿Ves como somos adolescentes? ¿Qué es eso? ¿El qué? El cuadro. Mi herencia, por así decirlo. Conozco ese cuadro. ¿Ah, sí? ¿Lo viste en casa de Jean? No. Vale mucho dinero. ¿Cómo lo sabes? Un día, con mi padre, entramos en una galería de arte, donde estaba ese cuadro. Fue allí donde lo vi. Él se quedó atrás. No sé durante cuánto tiempo. Le gustó mucho. ¿Tu padre? Sí. Volví al día siguiente para comprárselo. Casi me caigo al suelo cuando supe el precio. Y Jean, con los medios que tenía, debió de comprarlo, igual que uno se compra un póster en Ikea. Al menos, podrás sacar algún beneficio. Buenos días. ¿Café o té? Café, si hay. ¿Puedo ayudarte? Las tazas están ahí. Bueno, ¿qué tal te lo pasaste ayer? Debiste ser la estrella. ¿Qué es eso? ¿En la nariz? Oh, nada… Un tipo nos dio el coñazo. Así son los chicos. Me alegro de haber tenido solo hijas. ¿Quieres una crêpe? Sí. Siéntate. He encontrado tu libro en Internet.



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