Esencia Radio 92.2 FM

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Puede que tenga un batallón de hermanos. ¿Sabes qué siendo “familia numerosa”, tendría descuento en los transportes? ¿Ah, sí? ¡Repíteme eso otra vez, si tienes huevos! ¡Las veces que haga falta! ¡Eso es lo que eres! ¡Más te vale cerrar esa puta boca, gilipollas! ¿Ah, sí? ¿Por qué? ¿Quién te has creído que eres? ¡Joder! ¿Quieres cerrar el pico? ¿Qué te has creído? ¡Suéltame! No eres más que un borracho que molesta a todo el mundo. ¿Ah, sí? ¿Y tú, con tus chanchullos, no molestas a nadie? ¡Basta! ¡Voy a hacer que te calles! ¡Parad, parad! ¡He dicho que ya basta! ¡Lárgate! ¡Suéltame! ¡Sam! ¿Por qué vienes a jodernos? ¿Estás loco o qué? ¿Perdona? ¿Vienes a nuestra casa y a decirnos lo qué tenemos que hacer? ¡He dicho que basta! ¿Estás enfermo o qué? ¿Os habéis vuelto locos? ¡Recoged esto! ¿Me habéis oído? ¡Recoged todo esto! ¡Vamos! Toma. Gracias. ¿Has dormido un poco, al menos? No mucho. ¿Cómo se llama el lago? No tiene nombre. Lo llamamos “El Lago”. Es como yo. De “padre desconocido”. ¿Qué hago aquí? Debería estar con mi hijo y aquí estoy, buscando un fiambre con esos dos chiflados. Tu querías verles. ¿Sabes por qué está aquí el abogado? Sin el cadáver de su padre, no hay certificado de defunción. Y sin certificado, no hay herencia hasta pasados siete años. Y necesita el dinero. Voy a devolverte el cuadro y vas a dárselo, de parte de su padre. Así tendrán otra oportunidad de discutir. Yo vuelvo a casa. Toma. Era el suyo. Así tendrás algo de él. ¿Sabes qué? No fuiste una aventura de una noche. A Jean le gustaba ir detrás de las chicas, pero lo de tu madre, no fue solo un lío. Si se hubiesen conocido antes, habrían pasado la vida juntos. ¿Conociste a mi madre? Sí. Una noche, cenamos juntos los tres. Él la miraba como si hubiese descubierto el mundo. Y ella a él como si fuese Robert Redford. ¿Café? No, voy a hacerme una infusión. Perdona por lo de anoche. Da igual. ¿Quieres café? Sí, gracias. ¿Hay té? No. ¿Hoy buscaremos en el mismo sitio? Sam, ¿a qué hora es lo de la sinagoga? A la una. ¿Dónde? En Clark, en la esquina con Fairmount. Oye, Pierre, ¿por dónde buscaremos? Tú no lo sé, pero yo vuelvo a casa. ¿Por qué? Porque sí. Porque alguien que cae al agua con las botas se hunde. Cualquiera te lo dirá. Explícaselo a tu rabino. Se le ocurrirá alguna plegaria. El dinero lleva a la locura. Por eso siempre me he preocupado por no ganar demasiado. ¿Tu libro se ha vendido bien? Sí, para ser el primero, sí. ¿Escribirás otro? Lo intento, pero tengo poco tiempo. Pues deberías hacerlo. Tenemos que hacer lo que nos gusta. Deberías usar el cuadro para eso. Si lo vendes, te dará tiempo para escribir. Ya te lo he dicho, no quiero ese cuadro. Te equivocas. Dentro de diez años, ganarás dinero, seguirás vendiendo croquetas y será demasiado tarde. Estarás “cómodamente aletargado”, como se dice. ¿Te gusta tu trabajo? Por supuesto. ¿Eres médico de familia? Soy idealista. Por eso estudié medicina. Pero descubrí que se limitaba a hacer de “camello” para los laboratorios farmacéuticos, lo dejé todo y me fui a China para conocer la acupuntura y las plantas medicinales.



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