Radio Abrera 107.9 FM Abrera

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que vas a la universidad. Son clases nocturnas. Quiero ser contable. Me gusta mi trabajo en la tienda, pero no quiero estar ahí para siempre. Perdón, Eilis. Soy un idiota. Un idiota maleducado. ¿Te va a llevar Tony a Ebbets Field cuando empiece la temporada? ¿Te gusta el béisbol? ¿Nunca te ha hablado de los Dodgers? ¿Ni una sola vez? ¿Qué te ha pasado? ¿Sabéis por qué? Demasiado de esto. Tendrás que ir a los partidos, si quieres verlo en verano. ¿Tan importantes son para ti? Digamos, que si nuestros hijos son de los Yankees o los Giants me llevaría un gran disgusto. Y yo. No se ríe, Tony. Demasiado tarde. Es de los Yankees. ¿Qué dices? No digas tonterías. Cómo va a ser de los Yankees. Te quiero. Yo Radio Gracias por la velada. Ha sido muy agradable. Perdona. Ya había terminado. Sheila, ¿puedo preguntarte algo? ¿Por qué no te has casado? Porque mi marido conoció a otra y me dejó. Lo siento. Y, ¿volverías a casarte? ¿Te lo ha pedido alguien? No. No exactamente. No haré preguntas. ¿Qué si me volvería a casar? No, quiero esperar mi turno en el baño de una pensión para siempre. Pues claro que sí. Por eso voy a ese baile todas las semanas. Quiero esperar en mi propio baño, mientras un tío gruñón con pelos en las orejas, lee el periódico en el servicio. Y entonces desearé estar aquí, hablando contigo. ¡Eilis! Lo siento. Pensé que ya no venías. Ya, imaginé que lo pensarías. Por eso quería venir como fuera. Quiero decirte algo. ¿Puedes Radio ? ¿Podemos hablar de otra cosa hasta que lleguemos a tu casa? No es Radio Por favor. Diez minutos antes de nuestra cita, tenía los pies metidos en agua residual, que goteaba por el techo de una señora. Aunque quisieras invitarme a un café, te diría que no, por tu bien. ¿Y cómo lo arreglaste en minutos? No lo hice. Pasé los minutos explicándole que tenía que irme y que volvería, pero ella no quería dejarme ir. ¿Así que la señora sigue con la gotera? ¿Qué más da un palmo de agua residual que dos? ¿Me dejas decir lo que quería decirte? No creo que te importe. Vale. ¿Recuerdas que después de la cena en tu casa, me dijiste que me querías? La verdad, no sabía qué decir. Pero ahora sí lo sé. He pensado mucho en ti y me gustas. Y me gusta estar contigo. Y Radio quizá sienta lo mismo que tú. Y la próxima vez que digas que me quieres, si hay una próxima vez, te diré que yo también te quiero. ¿Lo dices en serio? Sí. Joder. Perdón, pero creía que ibas a decirme algo muy distinto. ¿Puedo irme a casa ya? ¿Me quieres? Sí, pero no me preguntes nada más. Y no hables de si nuestros hijos serán de los Dodgers. ¿Quieres que sean de los Yankees? Tony, por favor, déjalo ya. Vale, perdona. Querida Eilis: muchísimas gracias por las medias. El envoltorio de Bartocci les da un toque muy elegante. Ahí todo parece muy excitante y moderno comparado con esto. Estoy deseando que me lo enseñes todo algún día. Ay, Eilis, sabes que estoy siempre a tu lado, aunque no lo esté. Bueno, eres maravillosa, qué más puedo decir. Me parece que no solo has pasado los exámenes. No. Lo has hecho con nota. No recuerdo cuándo vino alguien a darme buenas noticias. He ahorrado algo de dinero. Podré pagarme el año que viene y devolverle lo del pasado. Lo pagó uno de mis feligreses. Debía hacer algo de penitencia y no puedo decirte por qué. Y aún le falta. Podrá pagar por el año que viene. Me gustaría saber en qué anda. Seguro. Pero de mi boca no saldrá. Estudios y un novio, Eilis. Ya no eres la chica infeliz que quería volver a casa. Parece que eso fuera hace años. Creo que es la primera vez que una de mis chicas ha pasado un examen mientras vivía aquí. ¿Se lo has dicho ya a Tony? Claro. ¿Y vais a celebrarlo? Vamos a Coney Island el fin de semana. Ay, madre. ¿Qué significa eso? ¿Tienes traje de baño? No, iba a Radio ¿Tienes gafas de sol? No. Necesitas unas. Leí que como no las lleves en la playa la gente hablará de ti. ¿Y qué es lo que dirán exactamente? Esa es la cuestión, señora Kehoe. Nunca lo sabrás, porque no te lo dirán a la cara. Por Dios. Pero Diana tiene razón, Eilis. Tienes que pensar bien qué te pones. Nunca te ha visto así Tony, y no querrás decepcionarle. Tendrás que depilarte ahí abajo. Te daré una cuchilla y ya está. De ahí no estás mal. A los italianos les gustan las curvas. Pero tienes que cuidarte en verano. El negro es muy oscuro para tu piel. A ver el verde. ¿Por qué no me dijiste que trajera puesto el bañador? Creía que lo sabías. Vale. Ya está. ¡Tony! ¿Qué? Vamos. Querida Rose: Gracias por tu carta. Me alegró lo de tu torneo de golf. Estarías muy contenta. Aún os echo de menos y pienso en vosotras todos los días, pero por primera vez desde que llegué a América, me siento muy feliz. Y tiene mucho que ver con Tony. El fin de semana me llevó a ver a los Dodgers, su equipo de béisbol favorito. Perdieron y estaba disgustado. He empezado a buscar trabajo de oficina. Fui a una entrevista con una compañía textil aquí en Brooklyn. Rose. ¿Quién iba a decir que habría dos contables en la familia? Rose. Pronto podré permitirme volver a casa a veros. ¿Rose? Rose. Oh, no. ¡Rose! ¡Ay, Rose! Un momento. Fue una sorpresa. Quizás estaba enferma y ella lo sabía y no se lo dijo a nadie. ¿Qué va a pasar? ¿Qué quieres que pase? ¿Cuándo es el entierro? Mañana. ¿Sin mí? Sin ti. Estás demasiado lejos, Eilis. ¿Por qué vendría aquí? Rose quería una vida mejor para ti. Era feliz de que te fuera tan bien. Pero nunca la volveré a ver. A que no, ¿eh, padre? Nunca la volveré a ver. Sabes que yo creo que sí. Y que velará por ti cada día el resto de tu vida. Hola. ¿Mami? No te oigo bien. Pues al final no llovió. Y todos los del club de golf vinieron. Sin excepción Tenía la casa a rebosar. ¿Sigues ahí? Sí. Todos la querían mucho, Eilis. Sus amigos del trabajo, los vecinos, todos. Nadie sabía qué decirme. Cuando tu padre murió, me dije que no debía estar triste porque os tenía a las dos. Y cuando te fuiste a América, pensé lo mismo, porque aún la tenía a ella. Pero os habéis ido todos. No tengo a nadie. No lo soporto, Tony. Tú Radio querrás ir a casa, supongo. ¿Cómo te sentirías si me fuera a casa? Sentiría miedo, todos los días. ¿Miedo de que no vuelva? Sí. Tu casa siempre será tu casa.



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