Maná Radio 91.2 FM El Vendrell

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rico que pueden ir donde quieran. Está pensando en comprar una granja por aquí. Han estado en Alemania y en América. Pueden tomar un barco o un avión, ir a donde quieran. ¡Vera! Hola, Sven. Anna y el Sr. Andersson. Erlandsson. Es Bengt. Vera me dio una Biblia. Ahora es amable radio pero estaba con los otros cuando yo era pequeño. Si me tocáis, me lastimaré la mano. Una vez me hizo comer avena con de gallina en ella. ¡Serás idiota! Todo el mundo me llamaba idiota, y ella lo odiaba. Fui a la escuela durante un tiempo, y aprendí a leer. Sobre todo el “Triumph”, pero también la Biblia de Vera. “Como un panal destilan tus labios, oh, esposa, miel y leche hay debajo de tu lengua. Y el aroma de tus vestidos radio es como el aroma del Líbano”. ¿Ya tienes suficiente? Hubiera tomado más de allí de haber tenido espacio. ¿Por qué no bajas el cerdo? Así será más fácil cargar. ¡Cuidado con la caja! ¡Joder, se ha escapado el cerdo! Muy bien, eso es todo. Se ha hecho tarde, debo ir al pueblo. Me preguntaba si radio ¿Qué haces ahí con la boca abierta, idiota? ¡Vete al diablo, maldito imbécil! Debí haberlo matado entonces. Ese bastardo. No me atreví. Comportarse así radio ¡bastardo! “Estoy harta de este lugar. Me voy al pueblo”. “Que estés bien, mamá. Vera”. Vera envió dinero desde Malmö, pero las cosas empeoraron desde que se marchó. Mamá comenzó a tener dolores en el estómago. No sé qué era, pero comenzó a retorcerse y encogerse radio como un ratón envenenado. Empezó a ir de granja en granja, haciendo todo tipo de trabajos. ¿Hay alguien en casa? Sven, ¿estás listo? ¿Por qué está esto tan oscuro? ¿Qué le sucede a la Sra. Olsson? No lo sé. Ha estado acostada así toda la noche. No ha dicho ni una palabra. Entonces supongo que habrá muerto. Sí, está muerta. Lo siento muchísimo. ¿Mamá está muerta? Sí. Tuvo una muerte tranquila. Sin dolor. ¿Mamá está muerta? No estés triste. Debes ver al Sr. Höglund hoy. Sería bueno que te dieran ese empleo. Yo avisaré al vicario y a la policía. ¿Mamá está muerta? Sí. Recoge tus cosas y ven conmigo. El Sr. Höglund quiere que comiences hoy a trabajar. ¿Mamá está muerta? Tú lleva el cofre. Yo llevaré el saco. Vamos, Sven. Debemos irnos. Ésa es la casa del Sr. Höglund. Tú dormirás en aquel establo. Allí tienes la puerta. El primer corral, a la izquierda. Muévete. ¿Eres el nuevo empleado? Toma este saco y llénalo por ahí. Traigo estos sándwiches para ti. Bienvenido. ¿Eres el idiota que va a trabajar para mí? Pronto te daremos tareas. Yo soy Höglund, el capataz. Lo había visto antes. Debes llamarme “señor”. ¿Lo comprendes? “Sí, señor”. Sí, señor. ¿Eres fuerte? Muy bien. Trabajarás aquí, en la granja, y ayudarás en mi taller, en el pueblo. Lamento lo de tu madre. ¿Dónde queda Äspet? Siga recto. Se dieron cuenta de que le habían dado la botella equivocada, así que volvieron y le dijeron: “¿Todavía estás con vida?” “Lo que tomaste era ácido hidroclorhídrico”. Y él dijo: “Con razón me hizo un agujero en la polla”. Es peligroso beber ácido hidroclorhídrico. Eso es lo gracioso, que bebió ácido en vez de brandy. ¡Podría haber muerto! No sirve de nada contarte historias divertidas. Saca esa cosa. Y ten cuidado. Cuesta varios miles. Puedes colgarla en ese gancho de ahí. ¡La tengo! ¡La tengo! ¿Qué hago con ella? Ahogarla. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce radio No puedo. No puedo. Es fácil, Sven. Yo lo haré. Lo sé, es repugnante. Pero alguien tiene que hacerlo. “Y vi a otro ángel poderoso venido del cielo, envuelto en una nube, con un arco iris sobre su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”. ¡Quédate aquí! Desde el día en que nos casamos me convertí en un maldito loco. Fuera, niños. ¡Deprisa! No pienso aguantarlo más. ¡Basta de gimoteos! ¡Deja de quejarte! No puedo soportarlo. ¡Para, por el amor de Dios! Hoy hay que llevarle esto a Hakanssons. Bengt está enfermo, señor. Conduce tú entonces. ¿Cómo demonios funciona esto? No hay aceite. ¿Dónde diablos está el aceite? Por allí. Esto es melaza, pero puede valer. ¡Melaza! Si se la echas, el motor se atascará. Me gustaría ver a su padre si destroza el motor. Lo que necesita es aceite. Mi madre me ha zurcido las calcetas. Mi madre está muerta. Muerta y enterrada. Eres un maldito “idotia”. No se dice “idotia”. ¡Es idiota! Para empezar ponlo en primera. Muy bien. No, eso no importa. Ahora el embrague con suavidad. ¡No, no! Tranquilo. Ahora sigue recto. ¡No, espera! Para ir hacia adelante lo pones en primera. Despacio. ¡No! ¡Para! ¿Los pongo en la proa? Sí. Yo sé remar. Primero tenemos que echar un trago. No, Sven, tú te quedas aquí. ¡Eh, tú! ¡Ven aquí! ¡Ven aquí! ¿Un caramelo? Bonito día. Sí. Puedes hacerme compañía mientras se bañan. Me encantaría. ¿Te gustan las fresas silvestres? ¿Te gustan? Sí. ¡Oh, mira! Lo siento. ¿Quieres? No. Vamos. Las he probado. “¿Lo conoces, conoces al sastrecillo? ¿Lo conoces, conoces al sastrecillo? Una noche le cortó la cabeza al aprendiz. La tiró al río y se fue huyendo”. ¿Lo habías oído alguna vez? He conocido a Sven junto al lago. ¿Quieres un café? Axel, ve a por unas tazas.



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